1. «María se levantó y se puso en camino de prisa», reflejando su disposición inmediata. 2. El viaje de María desde Nazaret (Galilea) hasta Ain Karem fue de unos 130 kilómetros. 3. Ain Karem es hoy un lugar de peregrinación. Allí se encuentran dos importantes iglesias: la Iglesia de la Visitación y la Iglesia de
Dime, ¿has visto alguna vez un pájaro que haga un nido para dejarlo vacío o para instalar en él únicamente un polluelo débil y enclenque? ¡No! Solamente el ser humano ha inventado este contrasentido: la familia sin hijos.
El mundo actual, egoísta, ha trastocado el antiguo modo de sentir. Nuestro mundo moderno no quiere oír hablar de otra cosa que no sean comodidades y placeres; jamás de sacrificios. Para el mundo moderno, el niño no es una «bendición de Dios», sino una «plaga de Dios», una carga de la cual hay que librarse con todos los métodos posibles para que no estorbe los placeres de dos personas adultas.
Por este motivo, la mayoría de los esposos aceptan únicamente un hijo de las manos de Dios. ¡Solamente uno! ¡Como mucho, dos! ¡Pero por nada del mundo quieren más!
“Tú también eres adicta al móvil”, le espetó una adolescente a su madre cuando esta le reprochaba su conexión constante a los nuevos dispositivos. Se suele pensar que la adicción a estos aparatos es un problema que afecta solo a los jóvenes, pero, en realidad, extiende sus redes también a los padres e incluso a los abuelos.
Se admite que muchos duermen con el teléfono encendido en su habitación y que un 75% de los adultos utiliza el teléfono en medio de una conversación. Esos vistazos distraídos al WhatsApp o a las redes sociales pueden ser el indicio de un problema, no solo entre los jóvenes, sino que atrapa cada vez a más adultos de todas las edades. ¿Qué hacer cuando la vejez nos revela esta adicción?
Vivimos en un mundo bombardeado por información negativa: hambre, guerras, abusos, indiferencia. Ante esta avalancha de realidades dolorosas, surge una pregunta: “¿Qué podemos hacer?” Esta pregunta no es nueva. Hace más de dos mil años, hombres y mujeres acudieron a Juan el Bautista con esa misma inquietud. La respuesta del profeta sigue siendo tan actual