¿Cuántas veces hemos recibido un mensaje de WhatsApp y hemos sentido la necesidad irremediable de contestar al instante sin pensar? La cultura de la inmediatez nos promete una gratificación inmediata de nuestros deseos, pero tras esta primera capa de satisfacción se esconde una realidad menos idílica.
“La búsqueda frecuente de gratificación instantánea y el uso compulsivo de pantallas es un caldo de cultivo para la ansiedad, el insomnio, el estrés crónico y los trastornos del sueño. Cuando nuestra mente se acostumbra a ciclos rápidos de recompensa, si no los obtiene, entra en un estado de malestar”.
“Vivimos en la cultura de la imagen e intentamos aparentar una imagen mejorada de lo que somos, donde el centro es el ‘yo’.