Los seguidores de Jesús se han instalado en la llamada «cultura de la intrascendencia», que prioriza lo superficial e inmediato, que busca el placer y la satisfacción instantánea. Más aún, refleja la ausencia de una ética sólida, de sentido y de verdadero significado en la vida.
Confundimos lo valioso con lo útil, lo bueno con lo que nos apetece, la felicidad con el bienestar. Nos acostumbramos a una existencia sin trascendencia, sin frutos, sin respuesta a Dios.
Jesús nos invita a preguntarnos si nuestra vida da frutos o si, como la higuera estéril, simplemente ocupamos espacio. El verdadero peligro es conformarnos con una vida vacía, sin amor, sin entrega, sin Dios.
Como dice el Papa Francisco: “La conversión no es cuestión de un momento o de un año: es un compromiso que dura toda la vida”.
El viñador intercede por la higuera y le concede una nueva oportunidad. Dios también nos ofrece hoy una posibilidad de cambio. Nos da tiempo, gracia y amor. Pero, como advierte el Papa: “El tiempo de la conversión es limitado. Debemos aprovecharlo; de lo contrario, lo perderemos para siempre.»
Recuerda: ¡Dios es paciente!, pero su llamado a la conversión es urgente y requiere una respuesta sincera de nuestra parte. No lo posterguemos.