“Nadie ha visto el rostro de Jesús a excepción de las personas que convivieron con Él, sin embargo, quienes lo conocieron ya no serían capaces de olvidarlo jamás”
Así sucedió en el momento impresionante de la Transfiguración de Jesús. Pedro, Juan y Santiago jamás olvidaran el rostro brillante, la ropa blanca y la voz del Padre: “Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo”.
Pedro, Juan y Santiago ya conocían a Jesús, lo seguían, lo escuchaban predicar. Pero en la montaña tuvieron una experiencia real de su gloria. La fe no es solo rezar o venir a misa los domingos. Es tener un encuentro con Dios que transforma nuestras vidas. Jesús quiere mostrarnos su luz, quiere que lo veamos tal como es. Pero ¿nos damos tiempo para subir a la montaña y estar con Él?
El Evangelio dice que Pedro y los demás tenían mucho sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús. Esto nos pasa mucho: nos dormimos en la fe, nos distraemos, nos dejamos llevar por la rutina, la pereza o el desánimo. Dios sigue actuando en nuestra vida, pero si estamos dormidos, no lo vemos. ¿Qué cosas te están durmiendo espiritualmente? Las Redes sociales, la superficialidad, la falta de tiempo para Dios.